miércoles, 6 de diciembre de 2017

6 de diciembre: día de San Nicolás de Bari



LA HISTORIA DE PAPÁ NOEL Y EL PRIMER REGALO DE NAVIDAD
 Del libro "Mágica Navidad" de Enrique Arenz

Papá Noel, el simpático personaje que aman todos los niños del mundo y que según una antigua leyenda reparte regalos en Navidad desde un trineo volador, fue un personaje real hace mil seiscientos años. ¡Y fue quien hizo el primer regalo navideño de la historia!
Trescientos años después de Cristo, en la ciudad de Mira (donde actualmente está Turquía), un anciano llamado Teófilo estaba desesperado. En su juventud había sido un distinguido caballero que prestó honoríficos servicios al Estado, pero por su honradez terminó olvidado y en la mayor pobreza.
A causa de su situación no podía casar a ninguna de sus tres hijas. Eran épocas en que ninguna mujer se casaba si su padre no disponía de cierta cantidad de dinero para entregar como dote al futuro marido. Teófilo sabía que a su muerte sus hijas quedarían desamparadas.
De estos avatares se enteró el obispo de la ciudad de Mira, llamado Nicolás.
Nicolás era un obispo muy querido por su bondad y humildad. Decidió ayudar a Teófilo, pero de manera anónima, de acuerdo con lo que él siempre predicaba: “Las obras de caridad no deben darse a conocer”.
Al acercarse la Navidad, el obispo vio la ocasión ideal para materializar su ayuda. En una de sus homilías, habló acerca de los milagros de Navidad y recomendó a los fieles que oraran y pidieran ayuda a Jesús. Teófilo y sus tres hijas, que estaban como siempre en la misa dominical, cumplieron con la recomendación.
En la noche de la Navidad del año 317, el obispo Nicolás se acercó sigilosamente a la vivienda del anciano y arrojó por una ventanita una pequeña bolsa con monedas de oro.
Nicolás acababa de hacer el primer regalo de Navidad.
Teófilo y sus hijas no lo podían creer. Corrieron a ver al obispo para anunciarle que se había producido el milagro de Navidad que  habían pedido. Seis meses después, Teófilo casó a su hija mayor.
Al año siguiente Teófilo y sus hijas oraron por otro milagro de Navidad y Nicolás repitió su anónimo acto de caridad. El anciano pudo casar a su segunda hija.
Teófilo estaba feliz e intrigado al mismo tiempo. Sabía que se trataba de un milagro, pero, se preguntaba, ¿quién era el encargado de realizarlo? ¿Acaso un mensajero celeste? Comentó el suceso con sus vecinos y por ellos vino a enterarse de que otros hechos similares e igualmente misteriosos habían beneficiado en Navidad a personas necesitadas.
El viejo hidalgo no se quedó tranquilo. Estaba convencido de que en la próxima Navidad se repetiría el milagro en beneficio de su tercera hija, y como era un hombre agradecido quería saber a quién debía expresar su gratitud por tanta bondad. Cuando llegó la noche de Navidad se quedó espiando y sorprendió al obispo de larga barba blanca que desmontó de su burro frente a su casa, se acercó a la ventanita y arrojó la bolsita con las monedas de oro.
Teófilo, conmovido hasta las lágrimas, cayó de rodillas ante su benefactor y besó sus manos.
―Venerable padre… ¡usted…!
─Me has descubierto, Teófilo ─dijo riendo el obispo mientras ayudaba al anciano a ponerse de pie─. No digas nada. Prométeme que guardarás el secreto.
─Pero venerable padre, ¿por qué? ─balbuceó Teófilo─ ¿Por qué se desprende usted de su dinero para ayudarme?
El obispo sonrió, besó al anciano y le dijo simplemente:
─Porque hoy es Navidad.
Según cuanta la leyenda el secreto no pudo guardarse y Nicolás dedicó el resto de su vida a llevar obsequios a los niños y a los pobres cada día de Navidad.
El obispo falleció el 6 de diciembre del año 345, y sus restos fueron sepultados en la ciudad de Mira. Pero cuando en 1087 esta ciudad cayó en manos de los musulmanes, un grupo de cincuenta marineros italianos devotos del santo a quien atribuían famosos milagros a favor de los náufragos y marineros en peligro (de hecho San Nicolás es el santo patrono de los navegantes), desembarcaron en Mira, tomaron por asalto la tumba de Nicolás y se llevaron sus huesos al pueblo italiano de Bari, donde erigieron en su honor una de las más bellas iglesias de la cristiandad. Desde entonces se lo conoce en el santoral como San Nicolás de Bari. Se le atribuye haber hecho en vida y después de muerto milagros portentosos, y se dice que tenía la facultad sobrenatural de hacerse ver en varios lugares al mismo tiempo. Aunque mucho de esto es leyenda no reconocida por la Iglesia Católica.
Si bien fue muy amado en su tiempo, lo curioso es que a pesar de ser un santo secundario en la constelación de las grandes personalidades de la Iglesia, su popularidad fue aumentando con los siglos. Miles de templos en todo el mundo llevan su nombre. Solamente en Inglaterra hay más de cuatrocientos.
Desde el siglo iv la imagen de este santo quedó indisolublemente unida a la tradición navideña. Las primeras leyendas sobre Nicolás vienen de Holanda. Lo muestran montado en un burro o un caballo repartiendo regalos a los niños el día de San Nicolás de Bari. Esta fecha se trasladó más tarde a la noche de Navidad.
La tradición Holandesa cruzó el Atlántico en 1621 y fue llevada a la isla de Manhattan  (Nueva York) por los primeros colonos holandeses que se establecieron allí.
Ya entonces lo llamaban Sinterklaas, que en neerlandés quiere decir “San Nicolás. La imagen que los colonos tenían del “Santa” de esos días era la de un obispo adusto, serio, alto, delgado, anciano y de larguísima barba blanca.
Fue un escritor neoyorquino, Washington Irving, quien, en 1809, desacralizó la
El escritor neoyorquino Washington Irving
figura solemne de un obispo con su mitra y báculo pascual y describió a Santa Claus como un anciano de baja estatura, más bien gordito y panzón, muy simpático y risueño, vestido de rojo, y montado en un trineo tirado por ocho alces voladores.
En sus Historias de Nueva York, Irving traza la imagen moderna de Papá Noel y hasta les pone nombre a cada uno de los alces. El alce guía se llama Rodolfo. Hasta el día de hoy se filman películas donde es protagonista alguno de los alces de Santa con el nombre que le dio este escritor de prolífica imaginación.
Charles W. Jones, uno de los estudiosos más serios de la vida del auténtico  San Nicolás de Bari, escribió en octubre de 1954 en el New York Historial Socity Quaterly Bulletin: “Sin Washington Irving no hubiera habido Santa Claus. Santa Claus fue inventado por Washington Irving”.
La imagen definitiva de Santa Claus la trazó el dibujante norteamericano Habdon Sundblom para la publicidad de Coca Cola entre los años 1933 y 1966, época relativamente muy reciente en comparación con el mito extendido por más de un milenio. De ahí viene tal vez el prejuicio de considerar a Papá Noel como un ícono comercial destinado a vender productos en el mundo capitalista.
Pero no es así. Papá Noel no fue una invención frívola surgida de los gabinetes publicitarios de la sociedad de consumo. Él existió, y encarnó por primera vez el espíritu de la Navidad apenas tres siglos después del Nacimiento de Jesús.
San Nicolás de Bari fue el primer cristiano que asoció la Navidad con el generoso gesto de dar a nuestros semejantes. Se puede decir que este santo fue virtualmente el “inventor” del regalo navideño. Por eso es comprensible y justo que la humanidad, a través de los siglos, haya tejido en su honor esta bellísima, tierna e imperecedera leyenda.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Comenzó Adviento


ADVIENTO, UN TIEMPO DE MILAGROS Y MISTERIOS

El Tiempo de Adviento comienza el cuarto domingo anterior a la Navidad y se celebra cada domingo hasta el 25 de diciembre. Adviento quiere decir “advenimiento”, o "llegada": es el tiempo litúrgico en que los cristianos nos preparamos espiritualmente para recibir y conmemorar la llegada del Salvador.
Este año el primer domingo de Adviento cae el 3 de diciembre.
La experiencia ―aunque no la teología― nos enseña que Adviento es el tiempo de los milagros precedidos o rodeados de misteriosos acontecimientos. Varias leyendas antiguas nos dicen que entre los ángeles de Dios hay una legión especial que son los ángeles de la Navidad. Otras versiones sostienen que todos los ángeles por igual reciben la misión de bajar a la Tierra a partir del primer domingo de Adviento para asistir a las personas que han solicitado la ayuda Divina, o, aún sin haberla solicitado, la necesitan. Lo curioso es que estos ángeles adoptan diversas formas para cumplir sus difíciles, y en muchas ocasiones, imposibles misiones.
A veces toman la apariencia de un ser humano normal, generalmente un mendigo, un anciano, una mujer, siempre de aspecto humilde y sencillo. En la Navidad, invariablemente, predomina la humildad y la simpleza. Otras veces, y es llamativa la cantidad de casos que se han reportado, tienen la forma de animales: aves, perros y particularmente gatos, a cuyos gestos, miradas y actitudes hay que estar muy atentos.
Si es que han venido a ayudarnos, seguramente en algún momento del Adviento
se van a cruzar en nuestro camino. Nunca nos anuncian que están aquí, somos nosotros los que debemos descubrirlos, y para lograrlo tenemos que tener fe y el corazón abierto a las manifestaciones sobrenaturales. Lo peor que nos puede ocurrir es que luego de haberle pedido a Dios un milagro de Navidad, estemos tan distraídos, escépticos o absortos en nuestros intereses terrenales, que dejemos pasar a ese visitante sin notarlo. Lo cual no quiere decir que, necesariamente, el milagro esperado no se produzca. Pero en ocasiones tenemos que ayudar.
Por eso la antigua tradición europea indica que cada domingo de Adviento debemos encender una vela en nuestros hogares. Es más que nada una manera de recordarnos a nosotros mismos que en ese instante lo terrenal y lo sobrenatural se están superponiendo para producir sucesos extraordinarios.

(En cada enlace incluído en este texto -letras en distinto color- encontrarás un cuento de Navidad relacionado. Hacer clic





sábado, 2 de diciembre de 2017

Ya pueden leer mi nuevo cuento de Navidad


—Pero, Enrique— me interrumpió Eloísa con arrebatada emoción—, si el nacimiento de Jesús fue un milagro portentoso, ¿por qué no esperar hechos extraordinarios cada vez que cruzamos el umbral mágico de Adviento?
Estábamos hablando de mis cuentos de Navidad que ella había leído año tras año en el diario La Capital desde que comenzaron a publicarse en diciembre de 1994, y yo le explicaba que muchísimas de esas narraciones se basaron en sucesos reales.
Eloísa titubeó con timidez.  
—Tengo… tengo una historia verdadera —se animó por fin—, ¿quiere que se la cuente?
—Claro, Eloísa, pero antes deme otro café.
(Seguir leyendo; CLIC AQUÍ. )

martes, 27 de junio de 2017

En mi nuevo libro CUENTOS DE LA OSCURIDAD


Esta es una historia cuya acción transcurre entre marzo y octubre de 1976. En ella se narran los diálogos entre el general Videla y su confesor, el sacerdote jesuita Bernardo Montesini, y entre éste y su superior, el padre Jorge
Mario Bergoglio durante los primeros meses del gobierno militar. Se describen sucesos históricos por todos conocidos, pero sólo como marco para analizar los misterios del alma humana en sus rincones más oscuros y desconocidos. Hago la advertencia de que es un texto por momentos desgarrador, cuya lectura puede movilizar rechazos, despertar intolerancias y lastimar la sensibilidad de algunos
lectores. Como toda obra literaria, no tiene la intención de moralizar ni de convencer a nadie de nada. Solamente hacer reflexionar sobre una tragedia que todos vivimos y sobre la que quizás nunca nos pondremos de acuerdo.
Este cuento integra mi nuevo libro “Cuentos de la oscuridad”, que ya se encuentra en las librerías.

 Hacer clic aquí para leer la reseña

jueves, 2 de marzo de 2017

Un liberal en las redes sociales



"Ser de la izquierda es como ser de la derecha, 
una de las infinitas maneras que el hombre puede
elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto,
 son formas de la hemiplejia moral." José Ortega y Gasset


Después de algunas ingratas experiencias en las redes sociales, me había propuesto depurar mi lista de más de más de mil doscientos “amigos” en Facebook, la mayoría desconocidos que algún día solicitaron mi amistad. Con el tiempo comprobé que de esos mil doscientos, alrededor de mil nunca se interesaron en mis ideas ni en mi actividad literaria. ¿Por qué me solicitaron entonces? No fue el liberalismo, fue el espanto: el  vendaval kirchnerista nos amontonó a todos en la misma vereda.


Entonces, mientras me abría paso entre esa muchedumbre, me fui encontrando sorpresivamente con apologías de la dictadura, alabanzas insólitas de personajes como Videla o Seineldin y hasta críticas ofensivas hacia a la Iglesia católica, todo muy raro, porque yo creía ingenuamente que compartíamos por lo menos ciertos principios republicanos. En los casos más extremos eliminé directamente a esos delirantes irrespetuosos, en otros, fueron ellos los que me suprimieron a mí, escandalizados seguramente por algo que escribí. Y en muchísimas ocasiones, cuando intervine amigablemente en algún muro “amigo” con una opinión disidente, recibí maltrato y hasta insultos increíbles.



Cansado de perder mi valioso y escaso tiempo y de soportar tantas faltas de respeto, decidí hacer una borratina masiva. Pero, ¿a quiénes borrar sin equivocarme y ser injusto? No eran ideas lo que me proponía eliminar sino conductas. Conductas  fastidiosas, nerviosas, mediocres, insoportables. Yo respeto todos los pensamientos, y hasta intento aceptar a los más extremistas, siempre que no pregonen la violencia, pero en una red social, igual que en la vida real, todos tenemos la libertad de elegir a nuestros amigos. Dicho de otra manera: si como liberal debo respetar al trotskista, al maoísta y al nacionalista ultramontano, como persona libre tengo todo el derecho de apartarme de ellos.



Pero como no quería ofender a nadie, propuse ser borrado yo por aquellos “amigos” que sintieran que había un abismo de incompatibilidades entre mis pensamientos y los de ellos.

Para eso debía exponer claramente mis ideas sobre algunos temas de mucha sensibilidad y decirles: "Así pienso yo, si no me aceptan denme el raje". Y escribí un post esquemático pero muy explícito en Facebook sobre esos pensamientos. Resultó una buena experiencia, un certero desafío: tuve muchísimos apoyos, claros, explícitos, contundentes; sugestivos silencios, que aun no he evaluado; y las impulsivas borradas de muchos otros, tal como yo lo pedía. Hubo casos especiales: algunos amigos a quienes conozco personalmente y que con los años han involucionado misteriosamente en su manera de pensar el liberalismo hasta transformarlo en una caricatura, no han respondido. Lo estarán pensando. No descarto haberlos ayudado a reflexionar. El tiempo dirá. ¡Bancátelos a todos, Enrique!”, me escribió alguien. Sabio consejo que voy a tener en cuenta. Sólo iré suprimiendo gradualmente a los agresivos, a los intolerantes y a los muy extremistas. No lo haré con aquellos que piensan diferente pero que son respetuosos de la diversidad y de las opiniones ajenas. Ellos, si así lo desean, seguirán siendo mis amigos. ¿Los otros? adiós, que te vaya bien.

A continuación, la lista de pensamientos sobre esos temas sensibles que he decidido exponer también en este blog panfletario.

Soy liberal y católico, no soy de derecha, no soy nacionalista
. Un liberal no es de izquierda ni de derecha. La izquierda y la derecha son anacronismos con olor a naftalina. En rigor, sólo hay dos sistemas sobre los cuales es posible organizar la sociedad: el socialismo o el liberalismo (las demás son formas híbridas que contienen una mezcla de ambos, en distintas proporciones: así es, por ejemplo, el gobierno actual de “Cambiemos” en el plano económico, aunque con cierta tímida tendencia hacia una economía de mercado mejor definida). Por su parte el socialismo (a veces llamado populismo, otras, peronismo, progresismo, chavismo, comunismo, nazismo, etc.), pude ser tanto de izquierda como de derecha. El nacionalismo no es sino un socialismo de derecha; más que una ideología es un sentimiento primitivo y pasional, arrebatador de lágrimas y tambores redoblantes. Conduce a la xenofobia, a la intolerancia racial y religiosa y al proteccionismo económico. El nacionalismo se funda en la convicción de que la patria propia es mejor patria, más grande y más justa que la patria de los otros, sofisma que bajo ciertas condiciones sociales y políticas termina inexorablemente en guerras contra hermanos de otras patrias.
   
Soy liberal, pero un liberal cultural
, que cree que se puede discutir y revisar toda la doctrina del liberalismo, con excepción de tres de sus postulados epistemológicamente irrebatibles: El primer axioma de la praxeología; la teoría subjetiva del valor; y la interdependencia de los fenómenos del mercado. Todo lo demás es materia opinable que puede debatirse libremente, pero siempre con espíritu amigable y abierto. Detesto el absolutismo liberal que recurre al “liberalómetro” ante el menor cuestionamiento de algún dogma “sagrado".

·       No creo que las únicas funciones del Estado sean la seguridad, la Justicia y la Defensa.  Ese dogma, inamovible desde el siglo XIX, debe ser replanteado pensando en el liberalismo posible para el siglo XXI..
        
Creo en la educación elemental pública, obligatoria, laica y costeada por toda la comunidad (advertirán que no dije “gratuita”). La escuela estatal debe competir con la escuela privada y ambas constituirse en alternativas de calidad para que la sociedad elija libremente dónde educar a sus hijos.     


La institución universal de los derechos humanos es obra del liberalismo,
y es a través de ese claro cristal que debemos analizar lo que nos ocurrió a los argentinos en los años setentas. Los militares y civiles que en la represión antisubversiva iniciada en 1975 (bajo el gobierno de Isabel Perón), cometieron delitos de lesa humanidad, deben pagar sus crímenes de acuerdo con la ley, aunque se llegue tardíamente, como es el caso de Milani o de la CNU de Mar del Plata. No los defendamos porque no fueron héroes, fueron criminales. Pero también incluyo entre los delitos de lesa humanidad a los secuestros, atentados y asesinatos perpetrados por las bandas terroristas, algunas llamadas por Perón “formaciones especiales”, (Perón les escribió a los Montoneros
Carta de Perón a los Montoneros
cuando asesinaron al general Aramburu: “Encomió todo lo actuado, compañeros”). Casi todas estas bandas armadas fueron luego comandadas desde Cuba por Fidel Castro en su intento demencial de exportar “la revolución” a toda América. 

Estoy a favor del matrimonio igualitario. Respeto a los homosexuales y transexuales porque son seres humanos como yo, con derecho a su identidad de género y a vivir conforme sus inclinaciones personalísimas. Puedo ser amigo de un homosexual, pero no puedo serlo de un homofóbico porque la homofobia es por definición intolerancia y violencia. 

        Rechazo el aborto porque es matar a una criatura indefensa, aunque no juzgo a la mujer desesperada que recurre a esa terrible solución ante un embarazo no deseado. 

Repudio a la pedofilia porque es un ultraje horrendo a la niñez y una afrenta gravísima a la condición humana. Es el único pecado que, según el Evangelio, Dios no perdonará jamás (clic). (Trascendió recientemente que el papa Francisco estaría evaluando reducirles el castigo canónico aplicado a cientos de curas pedófilos. El sabio papa anterior, Benedicto XVI, les había negado toda clemencia durante su corto y lúcido pontificado)


Repudio el maltrato a las mujeres
. Me declaro feminista si por “feminismo” se entiende no una forma de sexismo opuesta al machismo sino la búsqueda de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.
                                 


Esta es mi manera de pensar, puedo estar equivocado y tal vez con el tiempo me rectifique en algunos puntos. Podemos convivir pensando distinto, sin embargo hay personas que no son capaces de soportar las ideas que he expuesto. A ellas les pido que por favor me borren de las redes sociales (facebook, Twitter y G+, que son las únicas que conservo), que dejen de visitar este blog y mi sitio oficial, y que me hagan saber que desean ser borrados de mis contactos de correo electrónico. Y todos contentos. Les prometo que no habrá penas ni olvidos. A los demás, aunque no piensen como yo, si aceptan el intercambio civilizado y amable de ideas y opiniones diversas, mi respeto y mi sincera amistad.

La experiencia en las redes sociales no tiene por qué ser traumática, al contrario, debe resultar intelectualmente enriquecedora, un foro de intercambio de ideas y conocimientos. Pero debemos trazarnos un plan para manejarlas, decidir el tiempo diario que le habremos de dedicar, y asegurarnos que no se convertirá en una plataforma de conflictos y disgustos diarios.

Enrique Arenz
Marzo de 2017
(Se permite su reproducción. Se ruega citar este blog)